La carta de Einstein
Éste es un extracto de la carta de Albert Einstein a Eric Gutkind de Princeton en Enero de 1954, que vale la pena leer. Fue traducida del Alemán al Inglés por Joan Stambaugh. Y yo dejo la versión traducida al español. ¿Piensas igual que Einstein?

Albert Einstein, pictured in 1953. Photograph: Ruth Orkin/Hulton Archive/Getty Images
(…) He leído mucho en los últimos días de su libro, muchas gracias por enviármelo. Lo que especialmente me llamó la atención fue esto. Con respecto a la fáctica actitud a la vida y a la comunidad humana tenemos mucho en común.
(…) La palabra de Dios es, para mí, nada más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia, una colección de honorables, pero aún primitivas leyendas que son, sin embargo, bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar esto (para mí). Estas sutiles interpretaciones son muy variadas de acuerdo a su naturaleza y casi no tienen nada que ver con el texto original. Para mí, la religión judía como todas las religiones, es una encarnación de las más infantiles supersticiones. Y el pueblo judío, al que gustosamente pertenezco y con cuya mentalidad tengo una profunda afinidad, no tiene cualidades diferentes a todas las demás personas. Hasta donde llega mi experiencia, tampoco son mejores que otros grupos humanos, aunque están protegidos de los peores cánceres por falta de poder. Fuera de eso, no puedo ver nada que tengan de ‘elegidos’.
En general, me resulta doloroso que usted reclame una posición privilegiada e intente defenderla mediante dos muros de orgullo, un externo como hombre, y otro interno como judío. Como hombre, usted reclama, por así decirlo, una exención de las causalidades por lo demás aceptadas, y como judío, el privilegio del monoteísmo. Pero una causalidad limitada deja de ser una causalidad, como nuestro maravilloso Spinoza reconoció con toda incisión, probablemente en primer lugar. Y las interpretaciones animistas de las religiones de naturaleza, no están, en principio, anuladas por la monopolización. Con semejantes muros solo podemos lograr una cierta decepción, pero nuestros esfuerzos morales no son frustrados por ellos. Por el contrario (…)
Ahora que he indicado abiertamente nuestras diferencias en las convicciones intelectuales, aún está claro para mí, que estamos muy cercanos el uno al otro en las cosas esenciales, es decir, en nuestra evaluación del comportamiento humano. Lo que nos separa son sólo aspectos intelectuales y la racionalización, según el lenguaje de Freud. Por lo tanto, creo que nos entenderíamos muy bien si habláramos de cosas concretas. Con amables gracias y los mejores deseos.
Atentamente, A. Einstein

